Desde el otro lado. 2º Premio en el II Certamen de microrrelatos Feministas de Tomares (2025)
La obra Desde el otro lado fue galardonado con el 2º premio en el II Certamen de microrrelatos Feministas de Tomares en torno a la igualdad de género.
DESDE EL OTRO LADO
De pequeña, Sofía creció sintiendo que su voz no siempre valía lo mismo. En la escuela, estaba rodeada de niños que hablaban más alto y eran escuchados primero. En televisión, los rostros que decidieron casi siempre llevaban corbata. Y en casa era aún peor, su madre callaba demasiado frente a un hombre que no supo ser padre ni marido.
Sofía no entendía por qué. Solo sabía que algo no estaba bien, que algo en el mundo no funcionaba como debería.
La primera vez que soñó con ella, fue una noche complicada como tantas otras. Había preguntado por qué casi no había presidentas ni ministras, provocando la risa condescendiente de su padre: “Porque así ha sido siempre”. Aquella noche, al cerrar los ojos, se adentró como tantas otras veces en el mundo de los sueños. Pero aquel fue distinto, ante sí vio una puerta en medio de un muro de cristal. Dudó, pero la empujó.
Al otro lado, la esperaba una niña de su edad. Tenía el cabello ondulado, la piel morena y una mirada serena. Le tendió la mano y le irritaba.
Juntas caminaron por un mundo distinto. Un mundo en el que las decisiones se tomaban desde el respeto y la empatía. Las ministras firmaron acuerdos de paz; las científicas enseñaban en los parques; las presidentes hablaban de cuidados, justicia y futuro. Nadie se burlaba de una niña por levantar la voz. No existían trabajos para hombres y trabajos para mujeres. Nadie callaba a una mujer por miedo a lo que pudiera decir. En las plazas había estatuas de poetas, juezas, líderes feministas. En las escuelas, los libros contaban historias donde las niñas eran protagonistas.
— ¿Dónde estamos? —preguntó Sofía.
— En el mundo en el que aún no vive, pero que muchas estamos construyendo —respondió la otra niña—. Un mundo que tú también ayudarás a crear.
Desde entonces, cada vez que la vida le cerraba una puerta, Sofía soñaba con ella. Cuando su padre dijo que debía “ser más discreto”, cuando los profesores la mandaban callar, cuando le dijeron que no podría ser líder. En cada una de esas noches, volvía a cruzar el muro de cristal. Allí aprendería a resistir, a confiar, a imaginar otro mañana.
Creció. Alzó la voz. Estudió leyes. Cayó y se levantó. Y nunca dejé de soñar. Llevaba dentro de aquella mirada serena que la había acompañado tantas veces.
El día en que juró su cargo como presidenta, millones de voces celebraron la igualdad como nunca antes. En las calles había niñas con los ojos muy abiertos. En las plazas, madres emocionadas. En las casas, abuelas que ya no creyeron vivir para verlo.
Aquella noche, Sofía no soñó. Y aunque no la había visto, supo que la otra niña, con su cabello ondulado, estaría orgullosa. Observándola, ya sin cruzar el muro, porque lo había roto.
Y ahora, sobre sus escombros, serían muchas más niñas las que construirían sus sueños y sus mundos.

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